• por Juanjo Martínez, publicado por Nació Digital, 6 de noviembre de 2020 a las 16:11

    «Digitalización» es una de las palabras más repetidas últimamente en el ámbito empresarial. Todos los expertos insisten en que este es el camino, incluso, el único. La transformación digital es el elemento clave para la competitividad empresarial en un mercado cambiante, exigente y cada vez más difícil de prever, donde la incertidumbre se ha convertido en la norma. Ahora bien, no puede haber evolución tecnológica sin una cultura corporativa innovadora y creativa. Y realmente el tema no se basa en digitalizar los anteriores procesos analógicos, se trata de reinventar digitalmente tus procesos.

     

    Según la Consultora Vanadis, antes de la pandemia sólo un 13% de las pymes españolas tenían un plan de digitalización, porcentaje que ascendía al 45% en grandes empresas. Los principales motivos para no dar el paso son el desconocimiento, el coste económico y también el no tener un proveedor de confianza. No tener una buena presencia en Internet puede suponer un alto riesgo de desaparecer. Marketing digital, ciberseguridad, conexión fiable y potente, comercio electrónico, telepresencia, CRM, ERP …. todo tiene que estar orientado a que tanto tus clientes como los potenciales te encuentren y puedan interactuar digitalmente. Existen muchas tecnologías a todos los niveles y muchas sin costo que se adaptan a cualquier tipo de empresa.

    Volviendo a la cultura empresarial, como decía Warren Buffett, «cuando baja la marea se ve quién nadaba desnudo», y ahora es un buen momento. La cultura del presencialismo, horarios rígidos, desplazamientos siempre a las mismas horas en el mismo lugar de trabajo, gestión del tiempo y del desempeño deben revisarse. El que no haya evolucionado ya hacia una cultura más de confianza e independencia lo tendrá difícil. El elemento clave reside en la capacidad de las organizaciones en adaptarse y aprender de manera rápida. Las habilidades de los líderes y las capacidades de los equipos marcan la diferencia. Los que trabajamos en la industria del «Flex Offices» o «Business Centers» estamos acostumbrados a trabajar con empresas innovadoras que nos requieren flexibilidad, espacios inspiradores, con la capacidad para adaptarse a necesidades cambiantes y apoyo puntual. Me refiero a espacios de productividad, de socialización, conectividad donde la calidad del aire y la ergonomía son aspectos importantes. Por supuesto, hay que contar con infraestructuras y servicios alineados con la atracción y la fidelización del talento. En definitiva, un espacio para cada actividad.

    ¿En cuestiones de transformación digital, el sector privado ha hecho los deberes, los está haciendo, o al menos está mentalizado, pero podemos decir lo mismo del sector público? Sin duda no, o al menos no suficientemente. Sólo la AEAT y la TGSS se encuentran digitalmente avanzados, es decir, los departamentos que se dedican a recaudar. En cambio, los que deben dar servicio, están a años luz de las necesidades de empresas y ciudadanos. La Justicia o cualquier trámite administrativo es lento, complejo y lioso, lastrando la competitividad de las empresas y, por tanto, empobreciendo a la sociedad. Y no es una tarea fácil porque no sólo se trata de hardware, de procesos y de software, esto tiene fácil solución si hay voluntad, que está por ver. Esto va de personas, y en su mayoría, contamos dentro del colectivo de servidores públicos con una población sin la cualificación necesaria, envejecida y desmotivada, y si esto no es suficiente, están liderados por políticos, con proyectos a corto plazo y guiados por los intereses de su partido.

    Lo hemos visto recientemente en la gestión de la pandemia con el apoyo a las residencias de ancianos, con la compra de material de autoprotección, con la justicia parada demasiado tiempo y, especialmente, en el mal funcionamiento del SEPE, dejando sin cobrar muchos meses a trabajadores en ERTE, oficinas cerradas, teléfonos que no se atendían y, para colmo de males, la web dejaba de funcionar durante horas o días cada vez que había un cambio normativo. También con el famoso ingreso mínimo vital, anunciado a bombo y platillo por algunos gobernantes, pero muchas veces misión imposible para quien lo necesitaba.

    Tenemos muchos casos de éxito a nuestro alrededor como por ejemplo en educación, la colaboración público-privada en Finlandia y en administración digital en Estonia. Se trata de países donde el protagonismo político resulta inexistente y la administración es extremadamente eficiente como Suiza. Nos encontramos países extremadamente liberales como Nueva Zelanda, Australia o Dinamarca, donde todo son facilidades para el desarrollo económico y tienen un excelente nivel de servicios públicos y protección social. También tenemos casos como India que se convirtió en el país de la Informática por voluntad política. Rajiv Gandi, también conocido como «Rajiv Computerjee» promovió la informatización y la formación informática, generando una nueva clase media de informáticos dando servicio a todo el mundo.

    ¡Se puede hacer, claro que se puede hacer, pero hay que tener la voluntad!

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